TEJIENDO MUNDOS DE LUZ

martes, 13 de diciembre de 2016

EL RUIDO



ESCUCHA TU INTERIOR


Quienes vivimos en una gran ciudad nos quejamos habitualmente del ruido constante que padecemos debido al tráfico intenso, a las sirenas –de policía, ambulancias o bomberos-, a la multitud que abarrota cualquier espacio, a los vecinos –puesto que las paredes de nuestras casas son tan delgadas como el papel-, a las obras, etc. Sí, vivimos inmersos en un ruido inquebrantable y dicha situación nos desagrada, incluso a veces nos hierve la sangre.

No obstante, el ruido es solo una circunstancia externa, que se convertirá o no en un problema dependiendo de nosotros mismos. No cabe duda de que vivir en un lugar apartado de la civilización y rodeados de naturaleza puede resultar más agradable y benéfico para nuestra salud mental, pero ¿qué vamos a hacer mientras nuestro hogar se halle en un entorno contaminado acústicamente? Encuentro dos opciones: quejarnos y lamentarnos de nuestra situación actual o adaptarnos a ella.

En el primer caso, las consecuencias desembocan en malhumor cuya frecuencia sufrirá altibajos dependiendo de variables tan arbitrarias como: si nos ha dado tiempo o no de tomar un café, si hemos llegado a tiempo o no al trabajo, si está nublado o luce un sol radiante, si tenemos problemas en casa o por el contrario pasamos por un grato momento familiar, o cualquier otro motivo aparentemente ajeno al ruido. Esta situación parece, en principio, bastante caótica y descontrolada; y es cierto: no tenemos el control de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Asumámoslo de una vez por todas: el intento de controlar, dirigir y regular el flujo de la vida resulta agotador y frustrante.

Sin embargo, adaptarnos al entorno sí está en nuestras manos. Una forma de adaptación consiste en focalizar nuestra atención en lo que está ocurriendo sin juzgarlo. Cuando apartamos los juicios de la situación (o de las personas) lo que tenemos ante nosotros ya no nos afecta de una forma arrebatadora. No me refiero a que vayamos a convertirnos en una balsa de aceite donde nada nos afecte; la apatía tampoco es una compañera  por la que queramos pujar. Más bien, pienso en un estado de aceptación ante los sucesos de la vida que nos incomodan como, por ejemplo, el ruido. 

Aceptar  la vida implica no ejercer presión sobre ella, sino dejarla pasar como las olas del mar. Encontrando un lugar de equilibrio en nuestro interior seremos capaces de navegar sin sufrir naufragios devastadores. En lo más íntimo de cada uno de nosotros se halla la clave para vivir en paz. Busca la llave a través de la meditación, la oración, el deporte, Reiki, el yoga, … Cuando la encuentres lo sabrás y –a pesar de que en algún momento tus hábitos mentales intenten boicotearte- sentirás cómo el ruido (lo que  te molesta) empieza a perder intensidad. Escucha tu interior.

Si quieres cambiar tu vida, prueba a hacerlo. Si te caes durante el camino, levántate de nuevo. Si te cansas, tómate un descanso. Si necesitas ayuda, pídela y la hallarás. El camino es desconocido, pero la aventura está asegurada. Puedes intentarlo o seguir quejándote: tú eliges.

Ascensión Menchón García
Maestra y terapeuta de Reiki Usui
Terapeuta de Reiki Karuna
Terapeuta de Técnica Metamórfica

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